Expedición ecológica al Ártico vivida por una estudiante rusa

Expedición ecológica al Ártico vivida por una estudiante rusa

INTERVIEW * JUNE 9TH, 2011 

Entrevista con estudiante rusa que llegó al Polo Norte

La estudiante rusa María Baránova fue una de los siete participantes de la expedición juvenil internacional en el Polo Norte organizada por el investigador sudafricano Mike Horn. En la entrevista a RIA Novosti María recuerda los preparativos del viaje y la experiencia vivida entre los hielos del Ártico.

–    María ¿cómo supiste de la expedición juvenil internacional al Polo Norte?

– Fue pura casualidad. Vi unas fotografías en la página web de una amiga y le pregunté qué era. Ella me habló del proyecto, una expedición juvenil al Polo Norte organizada por Mike Horn, el viajero e investigador sudafricano mundialmente conocido. Fue en agosto del año pasado. Yo envié la solicitud de participación junto con un video de presentación. Al cabo de un mes me enteré de que había superado la primera etapa del concurso y que era una de los 16 candidatos para participar en la expedición.

 16 jóvenes de todo el mundo, fuimos invitados una campamento de entrenamientos a Suiza, donde durante 10 días participamos en las pruebas eliminatorias. Allí nos enseñaron y nos pusieron a prueba. Dos días enteros fueron dedicados a las revisiones médicas, luego nos hicieron pruebas de resistencia al estrés, capacidad de trabajar en equipo, asumir responsabilidades y tomar decisiones. Con especial hincapié en las pruebas de capacidad de resistencia. Además, nos hablaron mucho del Ártico a donde íbamos a ir.

– ¿Fue una especie del curso de preparación?
– Sí, para los organizadores también fue una posibilidad de conocer a las personas que antes sólo conocían por sus fichas. Así, de los 16 seleccionaron 8 personas. Un chico se negó a participar porque era vegetariano y era necesario que comiera carne en la expedición. Es que en la condiciones del Ártico es imposible sobrevivir sin carne. Así que él optó por no ir.

– ¿Quiénes formaron parte de la expedición además de los jóvenes exploradores?
– En total éramos 12 personas. Siete jóvenes viajeros, nuestro director Mike Horn, un instructor acompañante, un cámara y un fotógrafo.

– ¿Qué objetivos perseguíais?

– La expedición perseguía varios objetivos. Uno de ellos era alcanzar un punto geográfico determinado – el Polo Norte magnético. Era el objetivo personal de cada uno. Además, realizamos investigaciones ambiéntales. Durante todo el camino medimos la nieve, la salinidad del agua, la dirección del viento y el movimiento del hielo. Los datos se enviaban a Alemania, al Instituto para la Investigación del Impacto Climático.

– ¿Qué investigaciones realizabais durante la expedición?

– Todos los participantes nos dividimos en grupos y cada grupo era responsable por su parte de mediciones. Algunas de ellas las hacíamos durante la paradas, por las mañanas o antes de cenar, otras en el camino. Medíamos la profundidad, el grosor y la densidad de la nieve, la proporción de agua y nieve. A base de estas mediciones se puede ver cómo cambia el clima del planeta. Nuestro director, Mike Horn, lleva 20 años viajando, no fue la primera vez que estaba en el Ártico y puede comparar cómo era antes y cómo es ahora, puede apreciar los cambios. Nosotros, por ejemplo, vimos un iceberg que había llegado al Ártico desde Groenlandia. No es normal, antes no sucedía esto. Aquí tienen otro ejemplo: tuvimos que dar la media vuelta antes de llegar al punto previsto porque nos vimos ante el mar abierto que comenzó 50 kilómetros antes de lo previsto. Nadie esperaba que habría agua allí al principio de la primavera ártica.

– ¿Cuánto tiempo duró la expedición y qué fue lo más difícil?

– La expedición duró tres semanas, desde el 27 de abril hasta el 28 de mayo. En cuanto a las dificultades, lo más duro es el frío, 25 grados bajo cero. Tres semanas sin poder entrar en una casa caliente, sin tener la posibilidad de calentarse. Tienes las manos siempre heladas y a cada rato hay que revisar si no tienes los dedos o la nariz congeladas porque puede ser que no te des cuenta. Otro problema era el trineo. Cada viajero llevaba un pesado trineo cargado de instrumentos y alimentos. Los llevábamos tirando de él, parecía que era parte de nuestros cuerpos. Mi trineo pesaba 45 kilos mientras yo misma peso un poco más de 50. Eso era muy duro. Y también el cambio de temperatura constante. Mientras caminábamos teníamos tanto calor que nos quitábamos todo menos la ropa interior térmica. Pero en cuanto te parabas para hacer un sorbo del té caliente, te quedabas congelado en el acto. Además, el relieve cambiaba mucho. Si la superficie era plana parecía que estás esquiando pero con una pesada mochila. Y cuando había bancos de hielo cada paso costaba un gran esfuerzo.

– ¿Qué es lo que más te impresionó? 

– ¡Allí todo impresiona! Una de las cosas más impresionantes fue ver huellas del oso polar. Comprendíamos que podían entrar en el campamento cualquier noche. Solamente una vez al día era permitido cepillarse los dientes, después de recoger nuestras tiendas de campaña, porque los osos polares pueden sentir el olor de la pasta dental a unos 70 kilómetros y se mueven con mucha rapidez. Así que si te lavabas los dientes antes de acostarte, podías esperar “invitados” en breve. Durante la última etapa de la expedición, ya cerca del mar, caminábamos por la superficie helada del océano. Cuando ves que el trineo de delante deja un rastro húmedo piensas sin querer cuántos metros de profundidad tienes justo debajo y qué rápido se abren y se vuelven a cerrar las grietas en el hielo.

– ¿Qué alimentos llevabais y cómo preparabais la comida?

– La comida es un tema aparte. En el Ártico consumíamos 8000 kilocalorías y no era mucho. Sólo en una noche quemabas unas 2000. Al día yo comía dos barras de chocolates grandes y en la cena era capaz de engullir 18 huevos. Si trato de repetir lo mismo aquí seguro que voy a morir. En cambio allí cada dos horas tenía hambre. Pero la expedición era muy bien organizada. Comíamos comida caliente dos veces al día, durante la jornada hacíamos varias paradas de 5-7 minutos para tomar té caliente y una chocolatina. Llevábamos cada uno los ranchos secos de chocolate, frutos secos y otro alimentos ricos en calorías.

– ¿Qué aprendisteis en la expedición?

– A mí, esta expedición me enseñó muchísimo. Ahora estoy absolutamente segura de que si tienes fuerza interior eres capaz de igualarte a las personas que son físicamente muchísimo más fuertes que tú. El Ártico es un lugar único, un lugar para estar uno consigo mismo. ¿Dónde más puedes estar 10 horas al día pensando en tus cosas. Allí adquieres lucidez, empiezas a ver el mundo de diferente manera. Esta expedición es una posibilidad de probar tus fuerzas. Si eres capaz de hacer este viaje, no habrá nada que te asuste.

– ¿Cómo terminó la expedición? ¿Alcanzasteis el objetivo?

– Sucedió que a la mitad del viaje una chica se quemó la retina por no usar las gafas de sol y parte del grupo tuvo que regresar. Seguimos avanzando sólo varias personas, de los jóvenes expedicionarios sólo quedamos un chico de China y yo. Teníamos planeado llegar hasta el punto del Polo Norte magnético pero tuvimos que terminar el viaje antes porque terminó el hielo y comenzó el mar. El grupo se detuvo a 79 grados 30 minutos de latitud norte, el punto más septentrional alcanzado este año por expedicionarios. Allí pusimos nuestras banderas y dimos la vuelta.

Entrevistó Ekaterina Makliuchenko.

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